Rick Astley lo tiene claro: “Come to letraBRICK”

Acabo de pasar tres días con Rick Astley. Viene de gira a España en septiembre y he tenido la suerte de ser su traductor para la promo en los medios. No os voy a engañar: me puse muy contento con el encargo. Su “Never gonna give you up” (1987) me cogió con diez tiernos años y con la mente bien maleable; sospecho que ese torrente bajobarítono y ese falso violín a lo sonido Philadelphia me abrieron la gula musical, y con su versión de “Ain’t too proud to beg” (1989) de The Temptations conocí el sonido Motown. Así que no estamos hablando de una deuda cualquiera.

 

A lo largo de estos tres días he escuchado de su boca (y reproducido con la mía) una y otra vez cómo le sentó la fama en los 80, cómo —hastiado— decidió hacerle un calvo a la industria discográfica, cómo encajó la bromita viral del “rickrolling” y cómo consigue mantener la erección de su tupé sin Viagra en los albores de la cincuentena. Pero lo que más me ha gustado traducirle es el motivo que le impulsó a volver a dar conciertos: lo hizo para divertirse.

Nada en su discurso resulta afectado o divo. No reniega de sus hits porque le han hecho “make a lot of money” y porque —what the fuck— les debe la vida que tiene. No habla de grabar un nuevo disco ni de lo importante que es reinventarse porque se la sopla. Cuando le hacen bromas sobre su pasado, no sólo las ve, sino que sube otros mil dólares y despluma al cachondo más avezado. Y yo tengo la teoría de que todo esto ocurre porque estamos ante un tipo que supo corregir a tiempo. El tipo de tipo que sólo acepta bolos en lugares en los que antes o después pueda tirarse unas semanas viajando. El tipo de tipo que monta un grupo llamado The Luddites (en honor a los luditas, toda una declaración de intenciones) para hacer covers de The Dandy Warhols, de R.E.M. o de Foo Fighters sólo por el gusto de volver a tocar la batería (que es como comenzó en FBI, su primer grupo) y de dejarse los dedos en la guitarra, aunque sea el primero en reconocer que Dave Grohl lo hace mucho mejor. Ambas cosas.

Y en todo esto me recuerda a lo que hacemos aquí, en letraBRICK. A la carencia absoluta de pretensiones, al gusto por lo guarrete, al elogio del despropósito. Es como en esta versión que se marcan el bueno de Rick y The Luddites del “Never gonna give you up”:

 

¿Es mejor que la original? Claro que no. Pero en realidad sí, porque de alguna forma siempre somos mejores cuando hacemos lo que nos sale de la brenca.

Así que haced caso a nuestro padrino y… “come to letraBRICK”.

 

TEXTO:            antonio aguilella
gif:                  Ana córdoba
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