Una de Graffiti (1: Onergizer)

 

Onergizer Konair Koler se adentra entre los matorrales y rastrojos de un solar cercano al mercado de Santa Caterina, en Barcelona. “No pasa nada –dice encaramándose con sus aerosoles de colores a una pared medianera-, esa farola deslumbra al que mira desde afuera. Si tú ves a la policía, la policía también te ve a ti, y si no la ves…”.
Yo suspiro, me agacho, me oculto. Así no puedo ver a nadie. “Pero la policía no suele aparecer –sigue Onergizer– a no ser que la llamen los vecinos”, añade mientras un descomunal polo cobra forma sobre la pared. Y, de repente, de entre los matorrales y rastrojos, aparece un adolescente magrebí que llega corriendo, muy deprisa.
-Qué hacéis….
-Unas fotos.
“Ah, vale”, repone el muchacho, aliviado, mientras recoge sus disolventes escondidos en el solar, mientras aspira con fuerza los vapores de la cola que guarda en una bolsa de plástico.
-Yo también quiero, ¿me hacéis una foto?”
-Luego, -repone el fotógrafo-. Todo esto está demasiado oscuro.
-Yo quiero una foto.
-No pasa nada –dice Onergizer-, yo pongo la luz…
Y con sus aerosoles dibuja unas llamaradas que alumbran esta madrugada de entresemana.
-¿Vais a tardar mucho? ¡yo quiero una foto!, -insiste el muchacho-.

Foto: Luis Tato

A pesar de su inquietante máscara, Onergizer Konair Koler, el artista urbano más activo del momento en los muros de Barcelona, es un joven de 27 años la mar de afable.
“La policía ya sabe quién soy. Oculto mi cara porque cada vez que conozco a un artista se me cae el alma a los pies. Lo importante son los polos… Y porque no creo que pudiera soportar toda esta movida dando la cara”. Onergizer AKA Señor Polo comenzó de adolescente pintando letras, marraneando paredes, como un pinta letras más, otro grafitero de la vieja escuela.
A los pinta letras no suelen importarles si a la gente les gusta lo que hacen… sólo les importa el respeto de sus iguales. Que no les pisen, y que si alguien les pisa que luego les pague la pintura. “A mí me da igual que me pisen, y los purismos  me traen sin cuidado. Yo volví a pintar en las paredes, volví con los polos, hace cinco años, porque lo necesitaba…”.
“Yo es que soy hijo único, un poco mal criado, con un montón de inseguridades… y lo que quería era repartir color, porque la ciudad ya es demasiado gris… Y los padres se hacen fotos con sus hijos y mis polos y me las envían por internet, y un escocés se tatuó uno y todo, y hay gente que los localiza y hace mapas en Google… Ahora el arte urbano está de moda”.
Ahora Barcelona está atestada de iconos: las bombas de Bombing Art, los caballos de El arte es basura, los Tvboy de Salva Tvboy, los conejitos de Vegan Bunny, las caras de Ener, los peces polla de Pez Polla… Y otros logotipos mucho más efímeros que sus autores abandonaron nada más encontrarse con un juez. Aquí, ahora, en todo esto, pulula mucho artista que lo que quiere es entrar en los museos.
“Yo trabajaba como aparejador y estaba amargado. Tenía que salir a pintar todas las noches. De lo contrario me ahogaba. Yo lo reconozco: a mí los trabajos normales me ahogan. La idea de trabajar de camarero me ahoga… Y me llegaban las cartas del juzgado y pasaba de abrirlas. No me enteraba de lo que pasaba a mi alrededor…”.
Polos plasmados con aerosoles de colores, recortados en casa y pegados con cola, dibujados con rotuladores, perfilados en miniatura con el pincel de un bote de tippex. Por todas partes. Descomunales e insignificantes. Arriba y abajo. Sonrientes, agresivos, tristes… En persianas de comercios, vallas de obras, en lo alto de… ¿cómo demonios se subió ahí arriba?
Y si sales a pintar todas las noches te cogen, fijo que te cogen antes o después, y luego una y otra vez… Y tu novia se harta de ti, porque al principio le parece la mar de guay tener un novio grafitero súper outsider, pero después se cansa de que te pases las noches pintando, dando vueltas por la ciudad, y nunca la lleves a bailar… Y te preguntas si todo esto tiene sentido.
Una denuncia penal y administrativa de la Guardia Urbana de Barcelona por deslucimiento de bienes inmuebles deriva siempre en una citación y un juicio por faltas cuya condena implica pagar la reparación del daño y hasta siete días de arresto domiciliario o un montón de horas de trabajo para la comunidad, según los antecedentes.
“Yo salía cada noche, no podía parar, recorría las calles de una manera sistemática, una tras otra. Había momentos en que no tenía claro si todo esto era una pasión o simplemente una obsesión. No sabía a dónde me iba a llevar. Llegaba a la oficina sin dormir. Hay gente que bucea, que salta en paracaídas y cosas así. Yo necesito pintar polos…”.
Y si no vas al juicio te ponen en busca y captura, y entonces la policía te considera un delincuente. Si te piden el DNI por la calle y se les enciende la lucecita te esposan y te llevan al calabozo. Los artistas no van aparte. Prisión provisional. A nadie le importa que tu referente sea Basquiat. Y encima tu ego no disfruta de ningún reconocimiento. Para dedicarse a esto hacen falta redaños.
Sí, me meto en un montón de líos por pintar polos… Y además la empresa empieza a ir mal, dejan de pagarme, me despiden de una manera muy rara y encima me quedo sin cobrar el paro… y no tengo ni para tabaco ni para comer ni para el alquiler. Sólo tengo cartas. Pero… ¿tú crees en la suerte, en el destino? Todo forma parte de un proceso de aprendizaje”.
“Ahora mucha gente quiere pintar sin mancharse, todo esto les hace mucha gracia, quieren que todo el mundo les siga por Instagram… Y viene gente que dice que quiere ser tu comunity manager, que te va a conseguir un montón de seguidores, que cuando tengas no sé cuántos miles podrás aspirar a tener un patrocinador. Porque ahora el arte urbano está muy de moda, pero…”.
“Pero yo no me vendo, yo no hago esto por la pasta, yo no quiero hacer de esto una profesión, porque sería estropearlo todo, pero… A mí, lo que de veras me gusta, es ser un rumor, una historia. Así me siento bien… Y gente de Nueva York que sólo conocía de Internet me invita a su casa, y yo les invito a la mía, y pintamos juntos en Brooklyn…”.
“¿Tú crees en el destino, en la suerte? Porque, cuando ya debo un montón de meses de alquiler y me van a echar del piso, de repente me llaman y me encargan veinte cuadros, me llaman para pintar bares y locales, participo en exposiciones colectivas. Y ahora me quiero mudar, porque este piso es muy caro, y pinto cuando me da la gana”.
-¿Habéis terminado ya? ¿Me vais a hacer mi foto?

TEXTO:             BENVENUTY
IMÁGENES:       Luis TATO
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