MORDISCOS DE UNA VEGANA

 

V tiene 23 años, nació en un pueblo de Albacete y estudia publicidad. Su familia la educó en el más estricto veganismo, pero una noche de alcohol y desenfreno hizo que acabara en el turbulento mundo de la comida rápida y la tauromaquia. Un encuentro nocturno con un aficionado a la fiesta nacional desvió su biografía y le llevó de la endibia al rabo de toro. Nos citamos con ella en una hamburguesería del centro de Madrid.

Cuando entramos en el establecimiento podemos darnos cuenta de que V es una habitual porque conoce todas las promociones y ofertas: nuggets de pollo, hamburguesas de steak, cheeseburguers… Además tiene cupones de descuento. Cogemos nuestras bandejas con los menús y nos sentamos al lado de una mesa donde se reúne un grupo de jubilados. V abre los sobres de ketchup y mostaza de cuatro en cuatro, como quien pela pipas. Ha pedido la hamburguesa más grande de todas. Engulle patatas fritas, bebe Coca-cola a discreción y le lanza dentelladas sin piedad a un filete (¿de ternera?), que vibra entre hojas de lechuga, pepinillos y rodajas de tomate. Un chorretón de mostaza y ketchup se le escapa entre los dedos y el rojo y el amarillo de las dos salsas, al caer sobre la bandeja, dibujan una mancha que parece una caricatura de la bandera de España. V moja las patatas en las salsas revolviendo los dos colores. Al terminar de comer, los restos sobre la bandeja parecen la bandera catalana dibujada por un grupo de preescolares. Rojo, amarillo y rojo. Ketchup, mostaza y ketchup.

Hoy, en letraBRICK, sexo vegano y comida rápida: la historia de una chica de Albacete que, después de pasar una noche con un aficionado al mundo del toro, descubrió una incisiva manera de comer.

Foto: Antonio Ferrer

letraBRICK: Cuéntame cómo fue tu infancia, dónde creciste, cómo es tu familia.

V: Mis padres trabajan en el sector de la agricultura biológica. Son muy buena gente. Un poco inocentes, pero buena gente. Tienen una pequeña empresa en un pueblo de Albacete. Ni siquiera comen huevos o leche. Me crié con ellos sin saber lo que era una proteína animal. Siempre supe que me perdía cosas, pero tuve una infancia muy feliz. Cuando hice la Selectividad me dieron plaza para estudiar publicidad y me vine a Madrid.

letraBRICK: ¿Cuál fue tu primer contacto con la ciudad?

V: Al principio estaba un pelín acobardada, era un poco paletilla. Pero enseguida me solté y empecé a salir a saco.

letraBRICK: ¿Cómo fue la noche en la que empezó tu historia?

V: Mis amigas y yo solemos salir por Malasaña, pero aquella noche salimos por Ventas. Bebimos tanto que acabamos en un bar taurino. Allí conocí a ese tío. Era un gilipollas, pero me daba un morbo tremendo. Me horrorizaba su manera de vestir, sus camisas de Ralph Lauren, sus pulseras con la bandera de España, sus zapatos castellanos, pero es que estaba muy bueno. No paraba de hablar de corridas de toros, quería explicarme lo que era el toreo al natural. Yo no hacía ni caso a lo que me contaba, me importaba un pimiento, pero, no sé, físicamente me resultaba irresistible y al final no pude evitarlo. Me lo ligué. El caso es que terminé llevándomelo a casa y practicamos sexo oral. Era la primera vez que yo lo hacía. Todo iba bien. Me lo estaba pasando de maravilla, me gustaba mucho. Sobre todo porque él estaba desnudo y callado. La cosa se jodió cuando ese tipo me puso la mano en la cabeza. No sé, de repente me dio tanto asco la manita de ese tío en mi pelo que mi mandíbula se cerró como si yo fuera un Tyrannosaurus rex. El tema es que dio un grito de dolor que se oyó hasta en la China y salió de mi casa pitando. Yo, con el pedo que llevaba encima, me quedé sobada al instante. Al día siguiente me desperté con una resaca XXL.

Foto: Antonio Ferrer

 

letraBRICK: ¿Y cuándo empezaste a notar algo raro? ¿Fue de repente?

V: Ese mes andaba un poco mal de pasta porque había estado saliendo mucho y no quería pedirle dinero a mis padres. Un día, le robé comida a mi compañera de piso. Ella suele comprar mucho embutido. Recuerdo que lo primero que probé fue una loncha de jamón de york. Era de noche, la cocina estaba a oscuras y abrí el frigorífico. Dudé mucho antes de hacerlo. Me acordé de mis padres. Era como si los estuviera traicionando. El caso es que al final me decidí. Saqué una loncha de jamón de york del paquete y la chupé. Al principio no me gustó demasiado, tenía como una especie de babilla por fuera. No sé en qué momento sentí el clic en mi cabeza, pero esa misma noche me zampé todo el paquete. Pensé que mis padres me habían estado engañando toda mi vida. Estaba buenísimo.

letraBRICK: ¿Y cómo diste el salto a la comida rápida? ¿Te pasaste directamente a las hamburguesas?

V: Al principio intenté no pensar en ello. Me decía a mí misma que aquello no había pasado, pero fue imposible pararlo. Empecé a comprar la mortadela de una pieza que venden en el Dia. Comía a escondidas, me ponía morada. Luego descubrí el chorizo y el fuet. Están buenísimos. Me sentía culpable. Me encerraba en mi habitación y comía y cenaba sólo embutidos. Hubo un momento en el que me di cuenta de que no podía seguir de esa manera. Y se lo conté a mi compañera de piso. Me apoyó en todo. Me dijo que no tenía que sentirme mal por una cosa así. Entonces empecé a comer lo que me gustaba sin miedo a que me vieran: pollo al horno, torreznos, chuletón de Ávila, bacon con huevos… Yo creía que la cosa iba a quedarse ahí, estaba más tranquila, hasta que probé la comida rápida. Y ahí sí que me dejé llevar. Empecé a ir a los burguers. Me chiflaban. Disfrutaba un montón. Pero empecé a sentir un vacío espiritual tremendo. Al principio pensé que era porque todavía me sentía culpable por comer carne, pero no era eso. Volví a pensar en lo que me había pasado la noche en la que acabé en el bar taurino, cuando me llevé a mi casa al tío ese, y al final me di cuenta de que mis padres no me habían hablado nunca del machismo. Mucho tofu y mucho brote de soja, pero del machismo no me habían contado nada. Cuando me di cuenta de que era eso, mi vida volvió a tener sentido. Seguí yendo a los burguers y comiendo carne, pero más tranquila, sin miedo.

Foto: Antonio Ferrer

 

V quiere llevarnos al sitio en el que conoció al tío que la convirtió en un Tyrannosurus rex. Está al lado de la plaza de toros de las Ventas. Es un bar taurino con cabezas de toros en las paredes y fotos en blanco y negro de toreros por todas partes. V pide una caña y el camarero le sirve una tapa de torreznos que ella devora a pesar de haber comido hasta hartarse en el burguer. Nos quedamos en la barra. V nos recomienda el rabo de toro. Le hacemos unas fotos para la entrevista y nos avisa de que quiere mantener el anonimato. Dice que no le importa que saquemos fotos suyas, pero no quiere que se le vea la cara.

letraBRICK: ¿Tus padres saben algo de la transformación de tu dieta?

V: No les he contado nada. Les daría un patatús. Intentarían ayudarme a salir de esto. No lo entenderían. Se pensarían que el problema es que me estoy poniendo hasta el culo de productos de origen animal. Y no es eso. Ellos nunca hablan de hombres y mujeres, siempre hablan de “seres humanos”. Viven un poquito como en una burbuja. No me hablaron nunca del machismo. Un solo mordisco a tiempo me ha enseñado más sobre el tema que diecioho años viviendo con ellos.

letraBRICK: Pero la defensa de los derechos de los animales no es incompatible con la lucha por los derechos de la mujer, ¿no?

V: Claro que no es incompatible. Pero me resulta muy difícil. Disfruto mucho comiendo carne.

Foto: Antonio Ferrer

letraBRICK: ¿Has pensado en dejarlo todo y volver a ser vegana?

V: De momento no. Tengo la sensación de que si dejo de comer carne voy a quedarme sin fuerzas. Además es que todo está buenísimo. Hace poco he descubierto el lacón. Me encanta.

letraBRICK: ¿Has notado algún otro cambio aparte de lo de traicionar tus orígenes veganos? ¿Crees que se deberían respetar las corridas de toros? ¿Votas a los conservadores?

V: No te pases…

letraBRICK: ¿Pero no puede llegar a ser un poco contradictorio comer carne y estar en contra de las corridas de toros?

V: Sí, es contradictorio. En el futuro quiero dejar de comer carne. No por mis padres, sino por mí misma. Pero de momento no me veo capaz. Vendrá con la madurez, supongo. Ahora quiero disfrutar.

letraBRICK: ¿Has notado que tu experiencia ha cambiado tu forma de salir por las noches? ¿Ahora sales más tranquilamente o sigues dándolo todo?

V: Es verdad que hay demasiado machito suelto, pero no tenemos que acobardarnos. No, no he cambiado mi forma de salir. Ahora salgo más que nunca. Estoy que muerdo.

ENTREVISTA:       antonio ferrer
IMÁGENES:          antonio ferrer
letrabrick
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