La verdad está en los bares

Quedamos a las diez de la mañana con el escritor argentino de Malasaña Carlos Salem, que saca libro de cuentos y habla como si no hubiera mañana.

 

Algunos tipos desdeñan los monovolúmenes de tonos plateados, las segundas residencias con piscina compartida para desconectar durante los fines de semana, los gintonics con rodajas de pepino de los after work y todos los incentivos laborales que ofrecen en la oficina para compensar todas esas horas de la vida propia que uno…
Las mentes de estos tipos están obsesionadas con las clavículas descubiertas de mujeres fatales que fuman cigarrillos ensartados en largas pitilleras y les aseguran, muy melosas y entre las sombras, que si aceptan el trabajo les pagarán mil dólares por día. Pero que no hagan más preguntas.
A estos tipos les preocupa muchísimo acodarse como Dios manda sobre la barra del tugurio, tener siempre en la lengua bien preparada, cargada y a punto, la sentencia que deje boquiabiertos al resto de parroquianos y lugareños. Estos tipos sí que saben qué es de veras importante en esta miserable existencia ultramoderna y requeteposmoderna.
De este palo son los personajes que desfilan por los cuentos de Relatos negros, cerveza rubia (publicado por Navona Negra), el último libro del argentino, poeta, novelista y prolífico showman afincado en Madrid Carlos Salem. Hablamos de tipos porque en verdad todo esto es muy masculino, porque hablamos de una literatura, en verdad, muy testicular, muy escrotal.
“Yo, en realidad –creo recordar que me dijo el escritor-, soy más de piernas que de clavículas, aunque tengo que reconocer que…”, me parece que añadió mientras mirábamos cómo departían en la barra de un hotel de Barcelona, sobre sendos taburetes, la responsable de prensa de su editorial y la periodista que le iba a entrevistar después de un servidor. “Soy más bukowskiano”, apostilló el argentino, por lo de las piernas… o quizás apostillé yo: a lo mejor fui yo quien… No recuerdo dónde dejé mis notas de la entrevista.
Salem lleva tantos años por las noches del barrio de Malasaña que ya perdió el acento de su pueblo. Aun así, todavía conserva la capacidad de hablar como si no hubiera mañana, incluso a las diez de la mañana, cuando apenas entra el zumo de naranja recién exprimido. Estoy convencido de que pusiera lo que pusiera en esta crónica, Salem no podría poner la mano en el fuego y decir que no dijo lo que yo diga que dijo.
“Muchos dicen que la noche está llena de mentiras, pero yo creo que no–prosigue diciendo Salem, bebiéndose a tragos muy cortos la cerveza que únicamente iba a servir como atrezo fotográfico–. La gente se pone sus máscaras durante el día, para ir a trabajar y pagar las facturas y hacer todas esas cosas que los demás esperan que haga…, y es por la noche cuando de veras trata de ser cómo es… O al menos como quiere ser”.

Foto: José Naveiras

Y Salem de estas materias insomnes entiende mucho. Porque durante muchos años regentó el Bukowski Club, donde una década atrás empezó con aquellos recitales poéticos últimamente tan de moda…Y las barras de los bares, el otro lado de las barras, son como las mesas de los maestros de escuela, como las porterías de los porteros. Uno lo ve todo, lo oye todo….
Y la gente no se da cuenta de nada, prosigue Salem apurando su matutina cerveza. Se cree que tú estás a lo tuyo, que no te estás enterando de nada, pero en realidad te estás quedando con todo. “A veces, escuchando cómo una persona abandona a otra o cómo se planifica un trío: hasta te invade el pudor…”.
Además, Salem se empleó como periodista durante más de veinte años, de freelance, de redactor, hasta de director… “y ya se sabe… putas, policías y periodistas nunca dejan de serlo”, sobre todo los de la vieja usanza, porque entre los de ahora la mayoría se acuestan muy pronto. Lo dicho, hablamos de una literatura muy testicular y escrotal. “Todas las historias de Relatos negros, cerveza rubia están mechadas de realidad”.
Son ficciones protagonizadas por tipos que alguna vez se acodaron frente a Salem. “Porque los relatos vuelven, las píldoras que se toman en un momento… Será culpa de internet, las redes y tantas cosas tan cortas”, abunda el autor mientras yo trato de calibrar de un modo muy disimulado las verdaderas dimensiones de su barriga oculta bajo la mesa.
Hace tiempo que busco un colega grande, gordo y poderoso. Un buen amigo sobre el que acurrucarme adormecido en los tugurios, sobre el que recostarme sintiéndome seguro, a última hora de la madrugada. En los últimos años me he visto rodeado de demasiados canijos indignos de confianza. Los afters de los 90 y los fines de semana de tres días non stop impusieron un look muy anoréxico.
“Yo, siempre que intenté seguir una receta, escribir un bestseller, emplear un molde, pues me aburrí. Y al final me salió otra cosa”. A lo Bukowski, a lo Miller… y sobre todo, según el prólogo, a lo Céline. Aunque yo lo de Céline no lo veo por ningún lado. “La novela negra es un vehículo maravilloso. Este libro es una reivindicación del relato canalla, de la picaresca perdida. Porque hemos renunciado al Lazarillo de Tormes para meternos entre las sombras de Grey, porque hemos perdido la ironía, el sarcasmo, el sentido del humor…”.
¿Céline? Y un carajo. La gente no sabe qué poner en un prólogo con tal de llamar la atención.
No lo sé… me parece que en verdad no está tan gordo, al menos no lo suficiente como para acurrucarme… Además habla mucho…

En el siguiente vídeo Carlos Salem trata de huir del entrevistador de letraBRICK por ser muy pesado y preguntar lo que no debe:

 

TEXTO:                BENVENUTY
IMaGEN:                 josé naveiras
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