Te van a coger

Te van a coger
Luis Benvenuty
Ediciones Carena – 2019

 

Pero este tío, ¿quién coño se cree, ehh?
Siempre fue un pringao el tal Benvenuty, desde el instituto. Puede que incluso antes. Nos conocemos personalmente desde los tiempos de Cádiz, ciudad que aborrece. Ahora el tipo va de artista de la palabra, de periodista guay, de hacer rizar el rizo de la más que manida figura del álter ego: esto es, escribir novelitas como ésta o la pasada Ojalá te suba todo (Ediciones Carena – 2014) con él mismo como protagonista. Bueno, ya quisiera él ser en la realidad como se describe en la ficción… En la vida real, Luis Benvenuty, decepciona, es mucho más patético. Rompe records. Los peores, todos del subsuelo. Ya he dicho que lo conozco bien. Nada positivo que reseñar al respecto.

La novela… Bueno, no está mal.
Quiero decir, en fin, que está bastante bien, a pesar de todo.

Lo que no te puedes creer es que ese tipo que padece Síndrome de Intuición de Datos al Azar (IDA), afección ficticia que el escritor David Foster Wallace inventó en su inacabada novela El Rey Pálido, tenga algo que ver con el verdadero Benvenuty. Es obvio. Las personas que padecen este síndrome sufren repentinas revelaciones que hacen que sepan cosas que no tienen ninguna utilidad y que no se pueden demostrar. Para que esto suceda, esa persona debe procesar a toda velocidad informaciones o acontecimientos que irrumpan a su alrededor. Estar hiperdespierto todo el tiempo. Cruzar cientos de datos en milésimas de segundo: es la prueba que demuestra, señoría, quién es el personaje que a Luis le gustaría ser, su personaje, y quién es el verdadero Luis Benvenuty, el autor, la persona de carne y hueso, el tipo que escribió la novela Te van a coger. Ya hemos dicho que lo conozco personalmente y…

Ah. Todo esto viene porque en la primera página el autor advierte, con cinismo, claro, que algunos escenarios, conversaciones (incluso el color de ojos de algunos personajes) fueron alterados con el fin de proteger la intimidad de los otros protagonistas de la historia. Y que cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia. Como diciendo….

Como diciendo exactamente lo contrario: que muchas de las cosas que pasan en la novela no son sino anécdotas propias, reales, verdaderas, cosas de su vida cotidiana. Pero ya hemos dicho que conozco en persona a Luis Benvenuty. Tengo ese deshonroso pesar en mi haber vital. Ya quisiera él ser como su propia creación.

Pero sí, bueno, ambos son periodistas. Vale: el autor, sí ¿me siguen? y el protagonista de la historia. Ambos dependen de forma enfermiza de la tecnología, del iphone, las redes sociales, Wasspp, Instagram y todo eso. Ambos han envejecido y engordado a la vez. Tienen un hijo al que atender. La diferencia básica entre los dos es que el que se lee resulta interesante. Piensa cosas que puedes compartir, o no, pero piensa, cavila de forma original, reflexiona, aunque sea un tipo desastroso y un poco tarado. Parece humano. El otro…

El otro es un colgao.… ¿Qué aun sigues casado, Luis? Vamos, hombre…. Hace tiempo que tu mujer te abandonó. Vive a cientos de kilómetros de distancia. En Granada. Bebes y fumas demasiado. No haces nada de deporte… Tienes que volver a tomar el control. ¿Y esa puñetera obsesión de creerte Banksy, un misterioso y enmascarado grafitero? ¿A tu edad? Pero si no sales de tu casa, sentadito todo el rato en esa mierda de sillón. ¿Empapelar Barcelona con dibujitos o pegatinas de moscas?¿Quién coño se va a creer eso, Luis? Hace mucho que dejaste de ser un adolescente, un futuro prometedor, un rubito niñato. Asúmelo de una vez.

Pero en fin, amigo, lo estás intentando y eso es buena señal. Me pediste una crónica y que dijera la verdad. Ok. Es ésta que estás leyendo. Me alegra comprobar que estás emprendiendo un nuevo camino, que te encuentres algo mejor y que vuelves a escribir. Además, pareces alejado, por fin, del infierno de aquella depresión. Espero que hagas bien tu trabajo y que seas, en lo posible, un ciudadano aseado y ejemplar. Como no lo has sido nunca.

 

Texto:       Luis zaragoza
IMÁGENES:     Ediciones Carena
letrabrick
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